22/8/16

Suicidiutopía


¿Para qué soñar con lo que nunca será? 
No soy lo que parezco. Lo que ves son solo máscaras. Lo que ocultan esas máscaras, ni siquiera yo lo sé. Tampoco te aconsejo que intentes descubrirlo. 
Todavía hay mucho dolor bajo mi piel. He aprendido a torear a mis demonios, pero esta es mi guerra, es mi infierno y no voy a arrastrar a nadie más a él. No condenaré a nadie más a cargar con el peso de mi cruz. 
Así que no lo hagas. No te asomes a mis ojos, no te acomodes en mis brazos, no eches raíces en mi piel. Que no te engañe mi sonrisa. Soy feliz, de verdad que lo soy. Pero por dentro sigo deshecha. Estoy rota, y si me tocas te puedes cortar. Sólo yo misma soy inmune a mi veneno, no quieras arriesgarte a probarlo.
Huye, aléjate, escapa mientras estés a tiempo y no te acerques más. Cuando se lleva por dentro un infierno, es imposible hacer feliz a nadie.

10/8/16

El monstruo de encima de la cama


Y si te fuiste, si tanto deseé que te fueras, ¿por qué te echo de menos?
Si me rompiste, me desangraste, si fuiste mi fantasma y mi monstruo de encima de la cama. Si me robaste el sueño y tantas verdades que se convirtieron en silencios...

Pero todavía te pienso, todavía te siento, todavía me dueles. Todavía me despiertan el olor de tu piel y los espectros de las caricias que depositaste sobre mi cuerpo antaño.

Sabes, a veces tengo miedo de haberme convertido en ti. En destrucción, mentiras, veneno. En todo lo que más odiaban mis ojos cuando aún conservaban algo de inocencia. Antes de que mis manos ayudaran a demoler otras vidas.

A veces me despierto en mitad de la noche, perseguida por tus dedos o por esa mirada huidiza que siempre despierta los peores demonios. Y entiendo que mi mayor miedo no eres tú. Tampoco son tus brazos. No es la soledad, ni el dolor, no son los otros ojos, ni siquiera soy yo misma como cabría imaginar.

Mi mayor miedo, es no tener perdón.

8/8/16

Bajo tus alas


Quiero que me escondas bajo tus alas, que tu sombra sea el lugar en el que refugiarme. 
No quiero volver a los brazos de una diosa que no existe, que no es más que la muerte disfrazada de ángel. No quiero entregarle mis horas, ni mis energías, ni mis días ni mis noches a nadie más que a ti. 
Quiero que me abraces como sólo tú sabes, que te quedes conmigo como si no existiera nadie más en el universo, que me regales tu paz y apartes esas garras que me aprietan el corazón. Que tus consolaciones me acaricien el alma. Que inclines mi corazón hacia ti y hacia nada más, hacia nadie más, que me quites estas ganas de llorar, de gritar, de huir y de hacerme daño. 
Quiero quedarme bajo tus alas... Y respirar.