21/12/15

Retrospectiva


La vida no deja de sorprenderme, de regalarme año tras año nuevos motivos para sonreír, para ser feliz. Es curioso que este año en concreto no ha sido fácil. Que he llorado mucho, que por momentos me he perdido un poco, que más de una vez sentí la tentación de rendirme, y que lamentablemente han sido varios, demasiados, los corazones cercanos que en estos meses han dejado de latir. Sin embargo, al llegar diciembre pareciera que es obligatorio mirar atrás en retrospectiva, y es ahora cuando tomo conciencia de que, a pesar de todo, puedo volver a decir que ha sido el mejor año de mi vida. Igual que dije en 2014, y en 2013.
Me encanta ver que van pasando los años, y ya no siento que los estoy perdiendo. Me encanta tener la certeza de que estoy usando mi tiempo y mis energías de la mejor manera posible, de que estoy haciendo lo que de verdad me hace feliz y yendo tras metas que realmente valen la pena. Me encanta mirar atrás y ver que la lista de sueños cumplidos sigue aumentando, que sigo aprendiendo, que voy superando miedos, que tropezar ya no es sinónimo de fracasar, sino de crecer. Que voy conociendo mucha gente nueva, y que de cada una de sus historias tengo algo que aprender.
Así que gracias, a todas esas personas importantes, las que lleváis en mi vida años y las que habéis llegado hace poco. Gracias a todos los que, de una forma u otra, puede que incluso sin saberlo, me enseñáis y me ponéis ejemplo. Gracias por todos los buenos momentos, por todas las risas y todos los abrazos, por las conversaciones profundas y los desvaríos mentales, los consejos, las fotos, las escuelas, los viajes, las palabras, los silencios, los dibujos, las novelas... 
Gracias por este año, por los anteriores y por los que vendrán. 
Gracias por hacerme un poquito más feliz.

19/12/15

Cuando vuelves


Cuando llegas las noches se hacen más largas, el tiempo se dilata, las horas parecen eternas. 
Tú quieres jugar y yo quiero dormir, o volar. 
Pero vuelves a esconderte tras el espejo para observarme mientras duermo, como siempre te gustó. Vuelves y yo me hago la dormida, igual que años atrás, fingiendo que no te veo, que no te escucho, que no te siento. 
Sé que no te lo crees, que nunca te lo has creído. Y sin embargo te acercas, te acomodas en el colchón, vienes a robarme el sueño, y contigo vuelven los fantasmas que gritan en mis pesadillas. 
Vuelves a respirar cerca de mi cuello, a susurrarme al oído esas palabras que dan tanto miedo. Deslizas sobre mí tus dedos, tus yemas como cuchillas van cortando mi piel. Me cuesta respirar cuando tus labios encuentran a los míos, cuando me encadenan tus abrazos, cuando me pides que no llore, cuando me vuelves a apuñalar. 
Y vuelvo a callar, a esperar, a romperme, a desaparecer. 
Tus manos juegan con mi pelo, y yo juego a que ni tú eres tú, ni yo soy yo. Juego a imaginar que vuelo y que nada es cierto, juego a que soy valiente y tú no eres más que un sueño del que al final despierto.