7/6/15

Life begins where fear ends



Dicen que después de toda gran subida, viene una gran caída. 
Lo que no nos cuentan, es que incluso tras las caídas más dolorosas, podemos levantarnos y volver a subir.

Siempre me ha dado un poco de miedo esa sensación de estar en la cresta de la ola, como si el hecho de que las cosas me vayan bien, tuviera que ser indiscutiblemente un presagio de que todo se va a desmoronar de un momento a otro. Hace poco escribí una entrada preguntándome por qué me asusta tanto ser feliz. Pues bien, creo que ya he encontrado la respuesta. No es porque crea que no lo merezco. De hecho, aunque me cueste decir esto, después de todo lo que he luchado, de todos los cambios que he hecho y las metas alcanzadas, creo que tengo derecho a disfrutar de lo que he conseguido.
Sin embargo, me acostumbré a ese ciclo de subidas y bajadas. Me convencí a mí misma de que soy incapaz de ser feliz durante un período de tiempo prolongado. Y por eso cuando estoy a un paso de alcanzar una nueva meta, me saboteo a mí misma, me pongo trabas, vuelvo a dejarme caer. Por miedo. Porque me parece demasiado bueno para ser real, me adelanto pensando que no va a durar.
Pero me he dado cuenta de que no puedo seguir así, frenando o incluso retrocediendo cada vez que me acerco a una meta. No puedo vivir anticipándome y poniéndome siempre en lo peor. En los últimos años he aprendido que si quiero ser feliz, depende de mí. Que la vida es demasiado incierta e inestable, que no tenemos ni idea de lo que nos espera a la vuelta de la esquina. 
Así que, ¿por qué adelantarnos? ¿Por qué no disfrutar de lo que tenemos mientras lo tenemos? 
He decidido no seguir acobardándome. He decidido no permitir que nada ni nadie (ni siquiera esa tal Ana ni yo misma) me siga quitando todo aquello que me hace feliz o que me hace ilusión.

Hoy, por primera vez en mucho tiempo, no me asusta ser feliz.