30/4/15

Alicia sueña que baila



Alicia sueña que baila entre filos y cuchillas.
Busca algo suave en la radio, y se traga otra pastilla.
Enciende la luz y pregunta, ¿qué habéis hecho conmigo?
Era mi noche libre, estrenaba un vestido.
Y ahora al despertar me siento tan mal.

Alicia...
Los golpes más duros no dejan señal.

Te dijeron que no era tan grave cuando decidiste hablar.
Que tal vez tú te lo buscaste con tu forma de andar.
Y ahora al despertar te sientes tan mal.

¿Te acuerdas de aquella vez, en el túnel del terror?
Dijiste: "No quiero entrar, no me gusta la oscuridad"

Alicia - Cristina y los subterráneos 

3/4/15

¿Por qué me asusta tanto ser feliz?


Hace un tiempo que esa pregunta me ronda por la cabeza, y todavía no he sabido darle respuesta.
Me he dado cuenta de que no sé ser feliz. Nunca me enseñaron a serlo. Por eso, cada vez que la vida me sonríe, cada vez que las cosas empiezan a tomar buen rumbo, encuentro la manera de torcerlo.
Tal vez porque me asusta que esa felicidad no dure. Quizás porque, muy en el fondo, me preocupa no saber qué hacer con ella, o no tener con quién compartirla. O puede que me haya vuelto un poco adicta a esa agonía constante, a ese circulo vicioso de buscar la felicidad para luego destruirla. Sin embargo, creo que el principal problema es que sigo convencida de que no merezco ser feliz.
Desde muy pequeñita he buscado maneras de hacerme daño. Recuerdo que cuando tenía unos cinco años me arañaba los brazos contra el gotelé de las paredes, o me arrastraba de rodillas por el asfalto hasta que me hacía sangre. A los ocho solía romper mis fotos y llenar folios enteros con insultos hacia mí misma. Siempre he sido mi peor enemiga. Nunca he querido creerme digna de ser feliz. Nunca me he permitido quererme.
No sé por qué. En realidad no tengo motivos para pensar así. Es más, tengo razones para creer que merezco ser feliz. Si no fuera así, no tendría siquiera la oportunidad de serlo. Y sin embargo, no tengo una ni dos, tengo montones de razones para ser feliz. Supongo que será porque alguien ahí arriba cree que lo merezco. Así que debería dejar de juzgarme tanto, abrazarme a la felicidad que se me ofrece y no soltarla.
Tengo que aprender a disfrutar de la vida sin miedo. Al fin y al cabo, la única manera de ser feliz, es decidirlo.