31/12/14

We can't learn to fly without crashing a few times


Es cierto, he cometido errores, y muchos. He hecho cosas de las que no me siento orgullosa, he tomado decisiones de las que luego me he arrepentido. Pero sé que no soy la única. Soy humana, al fin y al cabo. No somos perfectos, y equivocarnos forma parte de nuestra naturaleza. 
Sin embargo, creo que no son nuestros errores los que nos definen, sino nuestra actitud ante ellos. Y yo la he cagado mucho, pero lo bueno es que he sabido extraer una lección de cada error, aprender y moverme en la dirección correcta.
Es más, pensándolo bien, ha sido en parte gracias a esos pasos en falso que he llegado a donde estoy hoy. Tuve que tocar fondo para empezar a remontar el vuelo. Pero lo hice, y prueba de ello es que hoy, tres años y once meses después de aquél día, sigo aquí, luchando por mis sueños, por mi vida.
Desde entonces, a pesar de los obstáculos, las caídas y los altibajos, cada año que termina se convierte en el mejor año de mi vida. Supongo que es señal de que voy por buen camino. Este año en concreto, ha sido un año de buenas decisiones, de cambios a mejor, de metas alcanzadas. De hecho, me siento viva y feliz de verdad por primera vez. 
Nunca he sido de las que se rinden, jamás he dado un sueño por perdido. Así que no voy a hacerlo ahora. Aún me quedan muchas metas por alcanzar, ¿quién dice que de aquí a unos años no las veré hechas realidad? Los errores del pasado no tienen por qué ser obstáculos. Quizás puedan convertirse en trampolines.

16/12/14

Asfalto rojo



Alicia corre.
No tiene muy claro hacia donde, sólo corre tan deprisa como sus fuerzas se lo permiten, sin mirar atrás. Sus músculos se tensan y se encogen, el pulso se le acelera. Con cada paso, una punzada de dolor agudo le recorre el costado.
Sin embargo, no se detiene. Aunque sabe que no puede huir, que no tiene a dónde ir, que no existe un lugar seguro en el que esconderse, corre.
Sus pies descalzos van sellando el suelo de huellas rojas allí donde pisan. No puede escapar del monstruo que la persigue, es consciente de ello. Lo único que puede hacer es alejarse de la civilización tanto como le sea posible, proteger a los que la rodean.
Cierra los ojos. Aprieta los párpados con fuerza y nota cómo el monstruo le araña las córneas desde dentro.
Intenta detenerlo, o al menos aplacarlo, pero resulta inútil. Abre la boca para gritar, y al hacerlo, el olor a sangre de su propio aliento impregna el aire, provocándole náuseas.
Alicia cae de rodillas exhausta, rendida. Rodea su estómago con ambas manos antes de empezar a vomitar. El asfalto se tiñe de rojo. Las garras de la bestia la desgarran de dentro hacia afuera, se asoma por sus ojos robandoles la luz. 
Ya está aquí, ya no es ella.
Alicia respira con dificultad.
"¿Quién soy?" -Se pregunta, pero no obtiene respuesta. La sangre brota de sus entrañas cuando la bestia emerge. Los ojos de Alicia, apagados aunque todavía abiertos, parecen buscar la respuesta a la pregunta que flota en el aire.
Tan sólo una lagrima, el último resto de humanidad que queda en ella, resbala por su mejilla sin vida y cae sobre el asfalto rojo.