30/11/14

We were born to be real, not to be perfect


Siempre había pensado que aquella sería la única manera de alcanzar la felicidad. Que no había otro camino para ella. Que cuando por fin lograra sonreír ante el espejo, todo lo demás se arreglaría solo. Que únicamente podría quererse el día que la báscula marcara ese número con el que tanto había soñado. 
Así que se pasó años mirando a la vida desde detrás del cristal, persiguiendo la sombra de un fantasma. Dejó que sus sueños se oxidaran en el fondo de algún cajón, que todo lo demás se desvaneciera, convencida de que la clave de la felicidad era una palabra de diez letras. Repitió tantas veces las mismas mentiras que acabó por creérselas.
Pero hoy mira hacia atrás y comprende muchas cosas. Se da cuenta de que la felicidad siempre estuvo al alcance de su mano y no supo verla. Entiende que la satisfacción de ayudar a alguien, de verles sonreír, no puede compararse ni remotamente a la de perder cada vez más kilos. Ahora sabe que luchar por la perfección, era luchar por una mentira.
Resulta que no hacía falta que la chica del espejo fuera perfecta para aprender a quererla. Resulta que las metas que la han hecho realmente feliz, son las que no se miden en números. Así que ha roto la báscula, el espejo, las cadenas. Ha decidido salvarse. Ha abierto el cajón de los sueños oxidados y les ha dado una nueva oportunidad. 
Resulta que no tenía que ser perfecta para ser feliz. Tenía que permitirse ser imperfecta.

Y tú, ¿te atreves?

2/11/14

Pero cuando tengo un pincel en la mano, todo mi mundo se calma.


Es como si todo mi mundo se redujera a una hoja en blanco, como si el resto del universo desapareciera. Como si el planeta dejara de girar y cesara ese continuo tic tac. Entonces ya no importan los minutos ni las horas, porque el tiempo lo marcan mis trazos sobre el papel.
El lápiz que sostengo entre mis dedos se convierte en una extensión más de mi cuerpo, de mi alma, como si mi propia sangre le diera vida, como si por mis venas corriera tinta.
No pienso. Solo dibujo. No busco una explicación. Sólo respiro. Y no importa que nada tenga pies ni cabeza, que no lo comprenda, que no sepa explicarlo. No importa, porque en esa dimensión más allá de la lógica y de las ciencias exactas, todo cobra sentido. Porque cuando dibujo soy libre y me encuentro. Porque todo se vuelve simple: los miedos no asustan, las heridas no duelen, la culpa no pesa. El gris se difumina y los colores brillan.

Yo dibujo cuando no me alcanzan las palabras :)