20/6/14

Renacer


Me rendí la madrugada del 16 de febrero de 2011. 
No importa por qué. Simplemente sentí que todo me venía demasiado grande, que ya no me quedaban fuerzas. Así que decidí morir.
Fueron veinte pastillas y algo de alcohol las que me hicieron dormir profundamente. Cuando cerré los ojos, estaba convencida de que aquel era el telón que ponía punto final a mi corto intento de vida.
Pero me equivoqué. Varias horas después desperté confundida, entre lágrimas y sangre.
Era un día frío, gris, de esos en que el viento susurra palabras extrañas entre las ramas de los árboles. Creo recordar que en algún momento de la mañana el cielo lloró. Y yo también. Lloré porque había fallado, igual que fallaba en todo cuanto intentaba. Lloré porque quería estar en una tumba, no en una camilla de hospital. Lloré porque les hice daño a mis padres, más daño del que nunca les había hecho. Pero sobre todo, lloré porque ya nada tenía sentido. Porque había tocado fondo, había caído todo lo bajo que podía caerse, y ya no quedaba nada que me hiciera querer seguir en esta vida.
Lloré porque seguía viva, y ya no podía soportarlo. Pero lo cierto es que, aunque había intentado suicidarme, no quería morir. Aquel día no lo entendí, ni tampoco al día siguiente. Me hicieron falta varios meses para poner un poco de orden en mi cabeza, pero finalmente comprendí que lo que yo deseaba no era morir, si no dejar de sufrir. No odiaba la vida, odiaba mí vida. Odiaba el infierno en el que la había convertido. Entonces entendí que solo me quedaban dos opciones: morirme o intentar cambiar mi vida.Y puesto que la primera opción era irreversible, decidí darme una última oportunidad para tratar de arreglar las cosas. 
La verdad es que caí muchísimas veces, pero siempre volví a levantarme. Y sé que tendré que seguir levantándome porque aunque ya esté mucho mejor todavía me queda camino por delante. De lo que ya no tengo ninguna duda es de que vale la pena salir de todo eso, de que la vida que tengo ahora no la cambiaría por nada, y de que no quiero volver atrás nunca.
La enfermedad la viví como un infierno, pero salir de ella no significa que mi vida se vaya a convertir automáticamente en un paraíso. Seguirá habiendo problemas, seguirá habiendo retos y obstáculos, pero la diferencia está en saber enfrentarse a ellos sin tener que recurrir a algo que me mata. 
La diferencia está en que cuando te alejas de la enfermedad y te empiezas a asomar a la vida de verdad, te conoces a ti misma, compruebas que puedes vivir sin ella y que eres mucho más de lo que creías que eras... descubres que la mayoría de los límites te los pones tú sola, y al ir viendo cómo eres capaz de superarlos y llegar más lejos de lo que imaginabas, recuperas las ganas de vivir.

5 comentarios:

  1. Lucy gracias por tu comentario, me llego mucho. Sabes que creo que eres una guerrera por todas las batallas que libraste sin rendirte a pesar de lo difícil que fue. Tienes razón, no es que salir es pasar del infierno al cielo, la vida sigue siendo dura y hay muchas veces en que es fácil recaer pero creo que lo importante es seguirlo intentando. Te admiro por lo que has logrado, por tu fortaleza, porque luego de tocar fondo supiste levantarte y salir adelante y no fue fácil pero lo valió.
    Y gracias por acompañarme en mi camino :) y a pesar de todas las veces que me has leído caer seguir apoyándome. Sigue luchando, leerte siempre me da esperanzas.
    un abrazo

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  2. lucy lucy! piel de diamante como los beatles :D

    Eres como un diamante se ve fragil, vales millones pero para valerlos tienes que sufrir tienes q pasar por tantas cosas, tu entrada me llego en el fondo me sentí muy identificada, se que se siente cada palabra escrita en tu entrada por q la vivi , eres invencible

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  3. Increible forma de explicar la superación. No todo es color de rosas pero tener la capacidad de seguir adelante pese a todo lo pasado es simplemente precioso. Seguro que este texto puede ayudar a mucha gente que pase por algo parecido.
    Seguiré pasando por aquí :)

    Me encantaría que visitaras mi blog si te apetece, un abrazo

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  4. Me has emocionado :')

    Me alegro mucho de que tomases esa decisión y de que sigas con actitud, con ganas y con fuerzas. Que a veces es duro, sí, pero el secreto reside en seguir moviéndose, y en dejarse ayudar.

    Besos

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  5. Madre mía, se me han puesto los pelos de punta, literalmente. Eres una gran luchadora y aunque al principio te costó verlo, me alegro de que te des cuenta (y me hagas darme cuenta a mí, vaya) de que a pesar de los problemas hay que tirar hacia adelante y no rendirse, y que la vida no es de color rosa siempre porque siempre habrá problemas pero hay que aprender a superarlos.
    Muchas gracias, en serio.
    Un beso muy fuerte.

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