29/6/13

El perdón no cambia el pasado, pero le da sentido al futuro


No sé quién eres. No sé cuál es tu nombre, no sé cómo eres o qué cosas te gustan ni conozco tu historia. Lo único que sé es que pasamos por algo parecido y que luchamos por una meta en común. Solo eso ya me dice mucho de ti. Me dice que eres valiente por enfrentarte a algo tan grande, que eres fuerte porque esta lucha no es fácil, y que tienes ganas de vivir. También me dice que, aunque no lo creas, no tienes la culpa de lo que te pasa. Si tengo que ser sincera, a mí también me ha costado entenderlo…  vale, todavía me cuesta. Pero quizás, viéndolo desde fuera sea más fácil de comprender.
Siempre me he sentido culpable, me he machacado durante muchos años pensando que “yo sola me lo busqué” y repitiéndome que como caer en esto fue mi culpa, merecía sufrirlo. Supongo que en parte era una excusa para no salir de ahí. Pero lo cierto es que nadie se levanta una mañana aburrido y decide joderse la vida. No, para llegar a ese punto tiene que haber algo más detrás.  Porque aunque a veces creamos que nosotras lo elegimos, o aunque hayamos dicho montones de veces que era un estilo de vida y que lo habíamos escogido de forma voluntaria… la realidad es otra.
La realidad es que no se puede señalar a nadie. Ni a nosotras mismas, ni a nuestras familias, ni a la sociedad, porque lo cierto es que no hay culpables. Tan solo hay un montón de factores que nos han traído hasta donde estamos hoy, para bien o para mal. Si caímos en esto es porque las cosas ya iban mal de antes, y esta fue nuestra forma de intentar escapar, o algo así.
Cuando esto empezó no podíamos hacernos si quiera una remota idea de hasta dónde llegaría. No sabíamos que acabaría condicionando absolutamente todos los aspectos de nuestra vida y que se convertiría en un infierno. De haber sabido el daño que haríamos y que nos haríamos, estoy segura de que no habríamos seguido ese camino.
El problema es que ya había algo en nuestro cerebro que no iba bien del todo… Y es difícil entenderlo precisamente porque es algo que no se ve, es algo que no funciona bien en nuestra mente, que va por dentro. Pero por poner un ejemplo, si alguien se enferma de cáncer de pulmón, ¿quién tiene la culpa? Puede que esa persona haya fumado mucho, pero también hay gente que se enferma sin haber fumado en su vida, y otros que son fumadores y no les pasa nada. Los que tienen cáncer es porque ya estaban predispuestos, por herencia genética o por lo que fuera. Pero no se puede decir que esa persona tenga la culpa de estar enferma. Pues nosotras igual. Quizás por algún motivo, o por una combinación de muchos, también estábamos predispuestas a tener un trastorno, no es nuestra culpa ni la de nadie.
De todas formas, estar machacándonos y culpándonos constantemente no sirve de nada. La culpa solo nos hunde más y nos paraliza, no nos mueve a actuar. No somos culpables pero sí responsables, y la diferencia está en que sí, hemos hecho daño y nos lo hemos hecho, pero no ha sido a mala idea ni de forma consciente. No somos perfectas, nadie lo es, tenemos derecho a equivocarnos y seguramente lo seguiremos haciendo. Pero responsabilizarnos de nuestros errores implica que podemos actuar para cambiarlos, que tenemos que tener una actitud positiva, aprender de lo que hicimos mal y no volver a lo de atrás, sino seguir siempre adelante. 


Todo el rollo de la culpa/no culpa de la enfermedad es algo que aun no me entra muy bien en la cabeza, pero bueno poco a poco voy intentando entenderlo y dejar de machacarme tanto. Lo anterior es algo que mi psicóloga me mandó escribir hace unas semanas, y he querido compartirlo porque sé que es algo que a todos los pacientes nos cuesta mucho aceptar y no sé, quizás le sirva a alguien. 

20/6/13

Nunca es demasiado tarde


Si te sirve de algo, nunca es demasiado tarde o, en mi caso, demasiado pronto para ser quien quieres ser. No hay límite en el tiempo. Empieza cuando quieras. Puedes cambiar o no hacerlo. No hay normas al respecto. De todo podemos sacar una lectura positiva o negativa. Espero que tú saques la positiva. Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo.

-El curioso caso de Benjamin Button

17/6/13

Un día


Un día recuperaré todo lo que perdí. Seré capaz de reír con tantas ganas como hace años. Volveré a ser la Lucy que era antes de que Ana apareciera en mi vida.
Se acabará este infierno. Se acabarán las pesadillas, se acabará el miedo, el llorar todas las noches.
Dejaré de compararme con todo el que pase por mi lado. Dejaré de odiar cada centímetro de mi cuerpo y aprenderé a quererme.
Algún día sonreiré frente al espejo. Un día volveré a bailar sin preocupaciones. Cerraré los ojos y me dejaré llevar por la música como solía hacer tiempo atrás.
Algún día podré salir de casa vistiendo lo que me apetezca, sin machacarme pensando que me hace gorda, que estoy horrible o que le doy asco a todo el mundo.
Sé que llegará el día en que podré irme de compras con mis amigas, o a la piscina o a cualquier otro sitio, y pasaré un buen rato disfrutando como lo disfrutaría cualquier persona normal.
Un día me atreveré a ponerme un bikini y bañarme en la playa, y ese día podré tomarme un helado sin tener remordimientos un mes entero.
Un día dejaré que me abracen sin sentir que mi cuerpo le dará asco a cualquiera que me toque.
Alguna tarde de invierno volveré a pedirme un chocolate con nata en la cafetería y me reiré cuando se me quede un bigote blanco de nata. Y una mañana de verano saldré a correr, o a patinar, o a montar en bici, y lo haré sin pensar en quemar calorías, simplemente por el placer de hacerlo.
Un día, Ana y Mía dejarán de ser el centro de mi vida, y yo recuperaré el control. Un día descubriré la libertad de decirles NO, de ignorar sus gritos y echarlas para siempre de mi vida.
Podré disfrutar de los buenos momentos sin importar si hay o no comida de por medio.
Un día tiraré todas las máscaras que fabriqué, dejaré de esconderme y volveré a vivir. Volveré a ser yo misma y nada más.
Mientras tanto, seguiré luchando hasta que llegue ese día... porque sé que valdrá la pena.

10/6/13

Today my life begins


Creo que mi vida empezó el día que decidí morir. Podía haber sido el final, pero fue el principio. Fue algo así como una segunda oportunidad, el punto de inflexión en el que mi historia cambió de rumbo.
Aquella mañana suplicaba al cielo que no me salvaran, que me dejaran morir tranquila porque ya no le encontraba sentido a nada. Y se me pone la carne de gallina de solo pensar en todo lo que me habría perdido si la ambulancia no hubiese llegado al hospital a tiempo. 
Me habría perdido ser feliz. Sí, así de simple y así de claro. Hoy me he dado cuenta de que soy feliz, y no tengo motivos para no serlo. Es más, quizá nunca los tuve y me los inventé. Pero ahora comprendo que esos motivos no eran reales ni válidos. Eran excusas baratas, excusas porque me asustaba ser feliz, porque creía que no lo merecía o porque simplemente resultaba más fácil poner excusas que luchar.
Ahora, en cambio, no sólo he dejado de desear morir... Además tengo ganas de vivir, y de vivirlo todo. Todas esas cosas que me hacen ilusión, las que tengo pendientes, las que me asustan, todo. Mi vida está empezando ahora y no quiero perderme nada. 
No quiero vivir cada día como si fuera el último, quiero vivir cada día como si fuera el primero. Con ilusión, con energía, con ganas, sorprendiéndome y disfrutándolo. Ahí está la felicidad.

7/6/13

Tener de hermanos a mis amigos, tener de amigos a mis hermanos


Dicen que las personas no sabemos apreciar lo que tenemos hasta que lo perdemos... Por suerte yo no he necesitado llegar a eso.  El miedo que he sentido al creer que te perdería me ha bastado para comprender cuánto te quiero, cuan importante eres para mí. He llorado tanto con sólo imaginar mi vida sin ti, que ahora entiendo que te necesito. Me haces mucha falta, no sé qué haría sin ti. No sé cómo seguiría adelante si tú no estuvieras a mi lado.

He pasado estos meses con el corazón en un puño, creyendo que te perdía y al mismo tiempo aferrándome a la esperanza de que volverías. Intentando ayudarte por todos los medios que se me ocurrían, aunque una parte de mí me decía que no valía la pena. Pero ¿sabes qué? Me alegro de haber creído en ti. Y estoy orgullosa, muy orgullosa de que a pesar de todo lo sigas intentando. Sé que no es fácil, pero también sé que puedes conseguirlo y que lo harás. Y quiero recordarte que nunca estarás sola, que me tienes siempre, 365 días al año y a la hora que sea. Que puedes contar conmigo en cualquier momento, que por ti me dejaría la piel.

Te quiero. Supongo que tengo que decírtelo más a menudo. Te quiero desde la primera vez que te vi, cuando aun no podías abrir los ojos... Parecías tan frágil, eras tan pequeñita, y sin embargo te abriste el hueco más grande de los que se han abierto en mi corazón. Has estado a mi lado siempre, y quizás no lo sabes, pero me has dado fuerzas para seguir tantas veces... Cada vez que me canso, cada vez que siento que la vida me aplasta o que tengo ganas de rendirme, pienso en ti. Eres la que me retiene en este mundo, en esta lucha. Eres la persona que más quiero en este planeta.

Me encanta compartir momentos contigo. Tus ataques de risa contagiosa, tu cara de asco fingido cuando te cuento chistes malos y que al final acabes riendo a carcajadas. El gusano cabezón, los dúos desastrosos de mi guitarra y tu bajo, montar maratones de películas (aunque siempre me pelees por dormirme en la segunda), despertarte poniéndote la nariz fría de Nala en la espalda, las tetrisiestas en el sofá, nuestras paranoias como la Galleta Apocalíptica, y así podría estar hasta el año que viene.

¿Puedo pedir un deseo?

Que sigamos compartiendo esos momentos durante muchos, muchos años más. 
Es lo único que quiero.

5/6/13

Y para desayunar, tus labios

¿Sabes qué sería mejor que soñar contigo todas las noches?
Despertar a tu lado cada mañana.