6/5/13

Escalera de caracol



Es evidente que en algún momento de mi desordenada vida, caí en las garras de un cruel demonio que se disfraza de Afrodita y se hace llamar Ana. Consigue que confíes en ella, que escuches ciegamente todo lo que te dice, que cierres los ojos a la realidad y sigas sus pasos sin importar a dónde te lleve. Te promete felicidad, belleza, incluso perfección… pero no te da a leer la letra pequeña del contrato, y tarde o temprano, te traiciona.
El mundo de Ana es una infinita escalera de caracol. Crees estar subiendo, crees estar acercándote más y más a la perfección que tanto anhelas, y entonces, repentinamente y antes de que puedas darte cuenta, ella te empujará al vacío con sus propias manos. Y no podrás creerlo, no querrás creerlo.
Son muchas las personas que transitan esa escalera. Algunas consiguen escapar, otras nunca regresan, pero lo que está claro es que, una vez que pones un pie en el primer escalón, ya no vuelves a ser la misma.
Ana es así, te cambia, y cuanto más tiempo pases con ella, más te cambiará. Hasta llegar a un punto en el que no te reconoces a ti misma, te preguntas cómo has llegado ahí y no sabes responderte. No puedes pensar por ti misma. Ella toma las riendas de tu vida, controla tu mente, tus pensamientos, tu mismísimo cuerpo.
Empezará susurrándote con disimulo lo poco que eres y lo poco que vales. Te recordará que estás gorda y nadie te quiere, que este mundo no tiene lugar para gente como tú. Y tú, que ya tienes la autoestima por el suelo, te convencerás fácilmente.
Entonces, Ana te hablará de la felicidad como si dependiera exclusivamente de tu físico. Te dirá que ella puede ayudarte a conseguirla, a alcanzar todo cuanto deseas: belleza, felicidad, paz, control de ti misma, seguridad, fuerza de voluntad, te ofrecerá la mismísima perfección. Y tú la escucharás hablar tan convencida de lo que dice, que le creerás. Te convertirá en su princesa, o eso te dirá ella. Y sin saberlo, estarás firmando un contrato de esclavitud con la vergüenza, el dolor, las mentiras y finalmente, la muerte.
Seguirás sus reglas. Al principio todo será fácil y parecerá un maravilloso cuento de hadas. Hay que reconocerlo, Ana cumple lo que promete, aunque no sea por mucho tiempo. Te verás más delgada, más guapa. Pasarás frente al espejo y sonreirás. Conocerás esa sensación de tener el estómago vacío, y te sentirás fuerte. Creerás que tienes el control, pero no podrías estar más equivocada. Es ella, ella es la que te controla y te maneja a su antojo. Y cuando quieras darte cuenta, será demasiado tarde. Te destruirá hasta que no quede de ti nada más que una sombra desgastada de lo que un día fuiste.
Eres un títere en sus manos despiadadas.
Y olvídate de aquellas historias que te contó sobre felicidad y control. No eran más que palabras. Pero te las creíste, mordiste el anzuelo y ahora estás a su merced. Te lo quitará todo. Perderás a tus amigos, le harás daño a la gente que más quieres, escucharás a tu madre llorar por las noches y sabrás que la culpa de sus lágrimas eres tú. Te robará todo aquello que te hacía feliz. Tus hobbies, tus aficiones, tus sueños… despídete de ellos. Para lo único que habrá sitio en tu vida a partir de ahora, será para inventar nuevas formas de autodestruirte. Te arrebatará todo lo que te importa y mucho más. Te succionará las ganas de vivir.
Y con el paso del tiempo será cada vez más difícil. Porque estarás sola. Porque nadie a tu alrededor te entenderá. Porque no encontrarás motivos para despertarte cada mañana. Tu único objetivo será ser perfecta, pero enseguida te darás cuenta de que nunca, jamás será suficiente. Ana te exigirá más y más. Y esa felicidad de la que hablaba no hará más que alejarse de ti día tras día. Hasta que la pierdas de vista. Hasta que todo deje de tener sentido. Cuando te haya despojado de tu mismísima alma, cuando ya no queden fuerzas en ti para seguir respirando, cuando no seas más que un cuerpo vacío vagando por inercia en la sala de espera de la muerte… Entonces comprenderás que sus promesas solo eran cuentos. Que tu diosa era una mentira. 
Y decidirás dejar de existir, porque ya no habrá absolutamente nada que te retenga en este mundo.
Pero si buscas en lo más profundo de ti misma… si escarbas allí donde una vez estuvo tu corazón, encontrarás los escombros de todo lo que fuiste antes de que Ana apareciera en tu vida. Los restos de las ilusiones que te rompió, los sueños que abandonaste para seguir sus pasos… y créeme, no es tarde para reconstruirlos. Mientras respires estás a tiempo. Si miras a tu alrededor, quizás encuentres personas que llevan años intentando ayudarte, quizás descubras que no estás tan sola como creías estar.
Por muy jodido que parezca todo, siempre habrá un salvavidas al que puedas agarrarte. Busca el tuyo, o fabrícalo si no lo encuentras. Y cuando lo tengas, no te sueltes. Demuéstrale a Ana que no te dejarás vencer.

4 comentarios:

  1. Texto lleno de sentimiento, y que transmite mucho, he de serte sincera, y me ha llegado muy hondo,sobretodo la ultima parte, lleno de optimismo y confianza.
    Asombroso.

    Muchos besitos!!

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  2. Este texto que escribes y describes debería llegar muy lejos, para todas aquellas personas que se plantean caer en esta escalera de caracol, o que ya están en ella...

    Nunca hay que perder las fuerzas, por muy cuesta arriba que esté todo y por muy negro que se vea. Siempre puedes sobreponerte, y tú lo has conseguido ;)

    Ánimo y a seguir adelante!

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  3. Me llegó, viví y tal vez aún vivo en la escalera de caracol, intentando salir. Me transmite una sensacion de optimismo, de que si no lo has logrado aún( q espero que sí) estás en buen camino, que hay gente q está a tu lado y me alegro de corazón por ti y espero que muchas más logren salir. Muy lindo texto
    un abrazo
    http://caminoamismetas.blogspot.com.ar/

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  4. Hola! Te dejé un premio en mi blog.
    Besos!

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