28/5/13

Razones para seguir viviendo


  1. Las personas que creen en mí.
  2. Las promesas que todavía tengo que cumplir.
  3. Saber hasta dónde soy capaz de llegar.
  4. Viajar y conocer mundo.
  5. Volver a bailar.
  6. Ayudar a alguien que pase por lo mismo.
  7. Bañarme en la playa.
  8. Escribir un libro.
  9. Los abrazos.
  10. Sentir el sol en mi cara.
  11. Mis amigos, especialmente Abi y Miri.
  12. Sonreír frente a un espejo (algún día...)
  13. Conocerme.
  14. Reír a carcajadas y hacer reír a otros.
  15. Seguir aprendiendo. No dejar nunca de aprender.
  16. Las puestas de sol.
  17. Mi familia.
  18. La música.
  19. Este blog y vosotros, mis seguidores. Vuestros comentarios.
  20. Correr sin pensar en nada, solo por el placer de correr.
  21. Descubrir magia en cada rincón del universo.
  22. Saber que depende de mí.
  23. Confiar.
  24. Los libros.
  25. Mis guitarras.
  26. Todas las niñas que luchan por lo mismo, en especial Lour y mi Wifi Girl.
  27. Vivir momentos tan intensos que me pongan la carne de gallina.
  28. Ser feliz.
  29. Construir mi futuro, alcanzar mis metas y cumplir mis sueños.
  30. Enamorarme cada mañana de la vida.

24/5/13

Redención


Alicia necesita un botón para desconectarse. Para dejar de pensar un rato.
Quiere sentir su cabeza libre, despejada, vacía.
Necesita parar, sólo un momento, y respirar. Que los pensamientos que la bombardean le den una tregua a su caprichosa cabeza. Pero en vez de eso, se ahoga cada vez más. Se enreda con sus propias ideas, se pierde y no sabe volver.

Quisiera que alguien la entendiera. Sentir por una vez que no está tan loca.
Quisiera huir de sí misma, alejarse de sus demonios... Huir, esa es la palabra clave. La palabra imposible.
Porque no puede escapar de algo que la acompaña a donde quiera que vaya.

Pero hay un lugar al que el demonio no puede entrar.
Existe una manera de hacerlo callar para siempre.

Y ahora sabe que veinte no son suficientes.

20/5/13

Una vez que te has metido en este mundo, ya no hay caminos fáciles. Todo se complica. Tanto seguir enferma como luchar por salir. Todo cansa, todo duele, y es inexplicablemente complicado decidir en qué bando quieres pelear.
Aún cuando parece ser la decisión más simple del universo, no lo es ni de lejos. Te enfrentas al más peligroso de los enemigos: te enfrentas a ti misma. Sí, quieres salvarte, pero al mismo tiempo no dejas de autoengañarte, de ponerte la zancadilla una y otra vez... Y a la hora de levantarte descubres que el final de tu historia sólo está en tus manos.


Si tengo que ser sincera hoy no me apetece estar bien. Necesito un abrazo pero no quiero que nadie me toque. Necesito hablar pero no sé ni qué decir. Necesito llorar pero no puedo, no tengo lágrimas. Tengo un nudo en el estómago que me roba las fuerzas.
De todas formas, sé que no puedo darme el lujo de quedarme lamentándome con los brazos cruzados. No; porque entonces me vendré abajo otra vez y eso ya no va conmigo. Ya no soy esa Lucy que se quejaba sin hacer nada por cambiar las cosas.
Sé también que no soy la única que lo está pasando mal, y lo último que quiero es ser una carga más. Esta vez me toca a mí ser fuerte por los demás y estar ahí para ellos.
Quizás así encuentre la fuerza que me mantenga en pie a mí también.

16/5/13

Paradoja

Te aseguro que aunque intentes entenderme, no lo conseguirás.
Cambio constantemente.
Ayer fui blanco, hoy gris, mañana vuelvo al negro.
Otras veces soy simplemente soñadora, y pinto un arcoiris que tarde o temprano destiñe.
Hay días en los que soy un camaleón.
En otras ocasiones soy un espejo quebrado.
Pero la mayoría de las mañanas me levanto 
no sabiendo quién soy.

11/5/13

¿Por qué mi miedo va a impedirme ser feliz?

¿Sabéis esos días en los que todo parece perder sentido?
Esos días que parecen tener 48 horas de 120 minutos cada una, esos en los que el cielo se vuelve negro sin razón aparente y un fantasma gris succiona tus fuerzas... Esos días en los que estás al borde del precipicio a punto de dejarte caer.
Pues llevo toda la semana así. Hacía tiempo que no me pasaba, y supongo que las recaídas y los bajones son parte del camino. Pero levantarse es tan difícil...
Y sin embargo, siempre aparece un rayo de sol, una mano, una sonrisa, ALGO que nos impide rendirnos. 
Anoche me llegó por whatsapp una frase, la que da título a esta entrada, que fue la que me sacudió el alma y me hizo abrir los ojos otra vez. Quizás no existan los ángeles de la guarda, pero para eso están los amigos que vienen a ser lo mismo sólo que sin alas...


No puedo decir que me ya haya levantado y haya desaparecido mágicamente toda la rayada monumental de la última semana, pero al menos he vuelto a encontrar las ganas de seguir luchando. Así que me quedo con la frase de anoche y con la actitud de hoy. Que mi miedo no me impida ser feliz.

6/5/13

Escalera de caracol



Es evidente que en algún momento de mi desordenada vida, caí en las garras de un cruel demonio que se disfraza de Afrodita y se hace llamar Ana. Consigue que confíes en ella, que escuches ciegamente todo lo que te dice, que cierres los ojos a la realidad y sigas sus pasos sin importar a dónde te lleve. Te promete felicidad, belleza, incluso perfección… pero no te da a leer la letra pequeña del contrato, y tarde o temprano, te traiciona.
El mundo de Ana es una infinita escalera de caracol. Crees estar subiendo, crees estar acercándote más y más a la perfección que tanto anhelas, y entonces, repentinamente y antes de que puedas darte cuenta, ella te empujará al vacío con sus propias manos. Y no podrás creerlo, no querrás creerlo.
Son muchas las personas que transitan esa escalera. Algunas consiguen escapar, otras nunca regresan, pero lo que está claro es que, una vez que pones un pie en el primer escalón, ya no vuelves a ser la misma.
Ana es así, te cambia, y cuanto más tiempo pases con ella, más te cambiará. Hasta llegar a un punto en el que no te reconoces a ti misma, te preguntas cómo has llegado ahí y no sabes responderte. No puedes pensar por ti misma. Ella toma las riendas de tu vida, controla tu mente, tus pensamientos, tu mismísimo cuerpo.
Empezará susurrándote con disimulo lo poco que eres y lo poco que vales. Te recordará que estás gorda y nadie te quiere, que este mundo no tiene lugar para gente como tú. Y tú, que ya tienes la autoestima por el suelo, te convencerás fácilmente.
Entonces, Ana te hablará de la felicidad como si dependiera exclusivamente de tu físico. Te dirá que ella puede ayudarte a conseguirla, a alcanzar todo cuanto deseas: belleza, felicidad, paz, control de ti misma, seguridad, fuerza de voluntad, te ofrecerá la mismísima perfección. Y tú la escucharás hablar tan convencida de lo que dice, que le creerás. Te convertirá en su princesa, o eso te dirá ella. Y sin saberlo, estarás firmando un contrato de esclavitud con la vergüenza, el dolor, las mentiras y finalmente, la muerte.
Seguirás sus reglas. Al principio todo será fácil y parecerá un maravilloso cuento de hadas. Hay que reconocerlo, Ana cumple lo que promete, aunque no sea por mucho tiempo. Te verás más delgada, más guapa. Pasarás frente al espejo y sonreirás. Conocerás esa sensación de tener el estómago vacío, y te sentirás fuerte. Creerás que tienes el control, pero no podrías estar más equivocada. Es ella, ella es la que te controla y te maneja a su antojo. Y cuando quieras darte cuenta, será demasiado tarde. Te destruirá hasta que no quede de ti nada más que una sombra desgastada de lo que un día fuiste.
Eres un títere en sus manos despiadadas.
Y olvídate de aquellas historias que te contó sobre felicidad y control. No eran más que palabras. Pero te las creíste, mordiste el anzuelo y ahora estás a su merced. Te lo quitará todo. Perderás a tus amigos, le harás daño a la gente que más quieres, escucharás a tu madre llorar por las noches y sabrás que la culpa de sus lágrimas eres tú. Te robará todo aquello que te hacía feliz. Tus hobbies, tus aficiones, tus sueños… despídete de ellos. Para lo único que habrá sitio en tu vida a partir de ahora, será para inventar nuevas formas de autodestruirte. Te arrebatará todo lo que te importa y mucho más. Te succionará las ganas de vivir.
Y con el paso del tiempo será cada vez más difícil. Porque estarás sola. Porque nadie a tu alrededor te entenderá. Porque no encontrarás motivos para despertarte cada mañana. Tu único objetivo será ser perfecta, pero enseguida te darás cuenta de que nunca, jamás será suficiente. Ana te exigirá más y más. Y esa felicidad de la que hablaba no hará más que alejarse de ti día tras día. Hasta que la pierdas de vista. Hasta que todo deje de tener sentido. Cuando te haya despojado de tu mismísima alma, cuando ya no queden fuerzas en ti para seguir respirando, cuando no seas más que un cuerpo vacío vagando por inercia en la sala de espera de la muerte… Entonces comprenderás que sus promesas solo eran cuentos. Que tu diosa era una mentira. 
Y decidirás dejar de existir, porque ya no habrá absolutamente nada que te retenga en este mundo.
Pero si buscas en lo más profundo de ti misma… si escarbas allí donde una vez estuvo tu corazón, encontrarás los escombros de todo lo que fuiste antes de que Ana apareciera en tu vida. Los restos de las ilusiones que te rompió, los sueños que abandonaste para seguir sus pasos… y créeme, no es tarde para reconstruirlos. Mientras respires estás a tiempo. Si miras a tu alrededor, quizás encuentres personas que llevan años intentando ayudarte, quizás descubras que no estás tan sola como creías estar.
Por muy jodido que parezca todo, siempre habrá un salvavidas al que puedas agarrarte. Busca el tuyo, o fabrícalo si no lo encuentras. Y cuando lo tengas, no te sueltes. Demuéstrale a Ana que no te dejarás vencer.