27/2/12

¡¡Hola mis duendecillos!! ¿Cómo estáis?
Hacía tiempo que tenía pendiente dedicar una entrada a hablaros de algo que está cambiando mi vida. Va a ser un poco larga, pero significaría mucho que la leyerais, sobre todo aquellos que tenéis un TCA o estáis pasando por algo parecido a esto.

Ya sabéis que hace siete meses decidí empezar un tratamiento para tratar de recuperarme. Sinceramente, no tenía demasiadas esperanzas ni quería hacerme ilusiones. Al fin y al cabo, después de casi 7 años esta enfermedad ya era un hábito y sabía que no iba a ser nada fácil de cambiar. Pero eso sí: iba con muchísima fuerza de voluntad, con más ganas que nunca de salir adelante. 
Vale, también estaba cagada de miedo. No era la primera vez que lo intentaba, y había tenido malas experiencias antes. Había estado en sitios donde sentía que no me hacían caso, que le quitaban importancia a lo que me pasaba, o incluso me juzgaban por algo que yo no había elegido ni podía controlar. Y me preocupaba encontrarme con algo parecido ahora.
Sin embargo, desde que entré por las puertas de Adaner, ese miedo a ser juzgada desapareció. Me recibieron con una sonrisa, sin mirarme por encima del hombro como tantas veces antes. Ese simple gesto me dijo mucho. 
Sentí que me entendían desde la primera cita con la que ahora es mi psicóloga. En ningún momento me miró ni me trató mal, me hizo sentir cómoda todo el rato. No era como otras psicólogas que parece que se creen algo así como un ente superior al que ni siquiera puedes mirar a los ojos. Ella me inspiró confianza desde el primer momento. Me comprendió incluso en cosas que no sabía cómo expresar, y supo  explicarme muy bien por qué había desarrollado un TCA y cómo podía salir de ese círculo vicioso. Me dí cuenta de que sabía perfectamente de lo que hablaba, y que le gustaba su trabajo, que no estaba allí solo para cumplir con las horas y cobrar sino que de verdad tenía la intención de ayudar. 
En fin, que la primera impresión fue muy buena, y acerté. 
No voy a mentiros, al principio no fue nada fácil. De repente tuve que enfrentarme a aquello que más me asustaba: la comida, las calorías. Me prohibieron hacer ejercicio, pesarme, entrar al baño después de comer y varias cosas más. Sin embargo, el nutricionista me fue mandando todas estas pautas poco a poco, de forma que me fuera dando tiempo a acostumbrarme y mi ansiedad no se disparara demasiado. 
Sí, fue muy difícil, pero hice la promesa de que no iba a abandonar, y el esfuerzo valió la pena. De a poco empiezo a enfrentarme mejor a la comida, ya no me provoca tantísimo estrés, de vez en cuando  hasta puedo disfrutar de una cena fuera con mis amigos, o de unas palomitas en el cine sin que signifique el fin del mundo. Que sí, que todavía me cuesta mucho, que recaigo a veces, pero ahí están mi Soraya y mi Juan Carlos gastando paciencia al por mayor para ayudarme a levantarme cada vez ^^
En diciembre tuve la oportunidad de participar en uno de los campamentos que organiza esta asociación, y debo decir que fue una experiencia única. De nuevo tenía miedo, eran muchas normas y no sabía si sería capaz de cumplirlas todas. Además no conocería a casi nadie allí, y me iba a ver expuesta a muchas situaciones sociales que seguramente me pondrían nerviosa. Y una vez más, me equivocaba. Conocí a personas increíbles, participé en actividades que no me habría creído capaz de realizar, disfruté y me reí muchísimo y de verdad, sin tener que fingir. Fueron dos días que me dieron un empujón fuerte.
Pero yo no he sido la única a la que han ayudado. A mis padres y mi hermana también les dieron algunas pautas y consejos que me han quitado muchos pesos de encima. En casa ya no hay tantas comparaciones como antes entre mi hermana y yo, no hay peleas en la mesa ni están todo el día detrás mía para obligarme a comer, entre otras cosas. Sinceramente, si no fuera por el apoyo de mi familia, especialmente de mi madre, no sé si habría avanzado tanto.
Mis dos mejores amigas también me están apoyando muchísimo en esto. Las dos han estado a mi lado y han intentado ayudar desde que empezaron a sospechar de mi problema, solo que no entendían lo que me pasaba y no sabían cómo ayudarme. Y yo, sinceramente, creía que nunca iban a llegar a comprender. Pero para mi sorpresa, cuando me acompañaron a Adaner y hablaron con mi psicóloga, todo cambió. No sé qué clase de conjuro utilizó con ellas xD, pero desde ese día he notado que me entienden muchísimo mejor y ya no hacen ciertos comentarios que antes escuchaba constantemente y me fastidiaban bastante.

Bueno, creo que ya me he enrollado bastante jaja. Solo me queda decir que no me arrepiento de haberlo intentado. Gracias Adaner, por tanta ayuda desinteresada. Gracias a Eduardo y Dori, a Soraya y Juanca, a Sara, Elena, Carolina, a todos los voluntarios y a todos los que se me olvidan. Gracias porque me habéis hecho recuperar la esperanza. Gracias también mi familia y a esos amigos que están a mi lado, cerca o lejos. Y a todos vosotros, los 305 que me leéis y creéis en mí. Pensaba que nunca escaparía de esta cárcel pero ahora he visto la luz al final del túnel, y sé que es real y puedo alcanzarla, aunque todavía esté lejos. 
Yo no voy a quedarme de brazos cruzados cuando resulta que está en mis manos decidir mi destino. ¿Y ?

By the way, si queréis más información de esta asociación: http://www.adanergranada.org/
Que tengáis una semana genial!!
Besos de esos traviesos!!!

24/2/12

¡Dichosa Sophie!


El juego había vuelto a empezar. Felicidad en estado puro, bruto, natural, volcánico. ¡Qué gozada! Era lo mejor del mundo. Mejor que la droga, mejor que la heroína, mejor que el costo, coca, crack, chutes, porros, hachís, rayas, petas, hierba, marihuana, cannabis, canutos, anfetas, tripis, ácidos, LSD, éxtasis. 
Mejor que el sexo, que una felación, que un 69, una orgía, una paja, el sexo tántrico, el Kamasutra, las bolas chinas. Mejor que la nocilla y los batidos de plátano, mejor que la trilogía de George Lucas, que la serie completa de los Teleñecos, que el fin del milenio. Mejor que los andares de Emma Peel, Marilyn, la Pitufina, que Lara Croft, Naomi Campbell y que el lunar de Cindy Crawford. 
Mejor que la cara B de Abbey Road, que los solos de Hendrix, mejor que el pequeño paso de Neil Amstrong sobre la luna, el Space Mountain, Papá Noel, la fortuna de Bill Gates, los trances del Dalai Lama, las experiencias cercanas a la muerte, la resurrección de Lázaro, todos los chutes de testosterona de Schwarzenegger, el colágeno de los labios de Pamela Anderson. Mejor que Woodstock y las naves más orgásmicas, mejor que los excesos del marqués de Sade, Riambaud, Morrison y Castaneda.
Mejor que la libertad. Mejor que la vida.

-Quiéreme si te atreves.

19/2/12

Maybe it's not enough, but it's worth it

Qué impotencia, qué rabia. Verte llorar y no poder hacer absolutamente nada. Nada más que estar a tu lado, llorar contigo, abrazarte, acompañarte en silencio. Pero de qué sirve eso, si haga lo que haga el destino ya está sellado. Mi compañía y mi apoyo se quedan cortos, no pueden calmar tu dolor ni mucho menos devolverte a tu padre.
No hay nada en esta vida que golpee tan duro como la muerte. Ni si quiera cuando la ves venir con tiempo. Nunca se está preparado para perder a alguien. Pero cuando ocurre así, de la noche a la mañana... cuando una persona está tan llena de vida, y de repente una mala maniobra te lo arrebata sin piedad... No puedo siquiera imaginarme lo duro que debe ser el golpe. Solo puedo decirte que lo siento, lo siento muchísimo. Me parte el alma verte destrozada y no poder ayudar. Te quiero. Eres como una hermana mayor para mí. Siempre has estado a mi lado, no me has fallado ni una vez, y ahora que eres tú la que me necesita, no sé cómo actuar. 
No vas a leer esto. Pero de todas formas necesito sacarlo, y decir que aunque no sirva de mucho, estoy a tu lado en este momento y seguiré estando siempre, igual que tú has estado para mí.

15/2/12

Cuando los recuerdos golpean...

Pueden hacer incluso más daño que la situación vivida. Y estos días me han pegado fuerte, me están abofeteando sin piedad... Ya sé lo que muchos pensarán: que son solo recuerdos y no debo dejar que me afecten. Pues lo hacen, me afectan mucho, no puedo evitarlo aunque tampoco dejaré que me hundan de nuevo.
Anyway, encontré esto que escribí hace un año, cuando estaba tocando fondo. Me dieron ganas de compartirlo, pero aviso que no es bonito.



Es increíble cómo te puede cambiar la vida de un día para otro, cómo las ganas de vivir se esfuman de la noche a la mañana casi sin darte cuenta. Un recuerdo te sacude, y sin saber cómo, acabas en el hospital con una sonda que va de tu nariz a tu estómago impidiéndote moverte, hablar o respirar. Y sólo puedes llorar en silencio, sin fuerzas para nada más. No tienes ganas de escuchar sermones, ni de que te digan que la vida es bella y que vale la pena vivirla, porque sabes de sobra que tú no te lo mereces. Finges que prestas atención a sus palabras, cuando en realidad no puedes escuchar nada más que los latidos de tu corazón y la confusión de tu cabeza. Y cuando te preguntan por qué, no sabes qué contestar. Ni por dónde empezar a explicar que has llegado a tu límite, que estás completamente desquiciada, que todo esto te viene demasiado grande, que ni siquiera puedes controlar lo que piensas. Y te limitas a callarte, como siempre has hecho, y a seguir haciéndote un millón de preguntas que no sabes responder. 
Quieres dejar de pensar, volver a sentir. Quieres desaparecer sin dejar rastro, dejar de existir, de respirar, de ser. porque hace mucho que estás muerta por dentro, y sigues cargando con un cuerpo vacío sin saber por qué. Y además, en el fondo, sabes que el mundo sería un lugar mejor sin ti.

12/2/12

Entre el cielo y las olas.


Anoche fui a la playa. Ya no me acordaba de lo mucho que me gusta pasear por la orilla del mar en invierno, de noche, sola. Juntar caracolas y lanzarlas al agua, hundir los pies en la arena, correr y reír a carcajadas sin necesitar motivo alguno. Mirar al horizonte y perderme entre todos esos puntitos luminosos que parpadean entre el cielo y las olas. Volverme pequeña al observar toda esa inmensidad, las olas majestuosas rompiendo con fuerza sobre las rocas. A veces me gustaría estallar como hacen ellas. Se descomponen en miles de gotas, de lágrimas, de moléculas de agua. Se separan, son libres durante unos instantes y luego vuelven a formar parte del mismo océano. Se retiran despacio, con calma, besando la arena. Renacen. Cierro los ojos e imagino mi renacer.

7/2/12


De repente no puedo respirar, 
necesito un poco de libertad
que te alejes por un tiempo de mi lado 
y que me dejes en paz
Siempre fue mi manera de ser, 
no me trates de comprender
no hay nada que se pueda hacer, 
soy un poco paranoica, lo siento.

(Un osito de peluche de Taiwan, una cáscara de nuez en el mar, suavecito como alfombra de piel, delicioso como el dulce de leche).

4/2/12


Me gustaría sentirme segura, tranquila. Infranqueable, como una fortaleza árabe situada estratégicamente en la cima de alguna montaña. Con murallas anchas y torres altas a las que las tropas enemigas no se atreven siquiera a desafiar.
Pero en cuanto se levanta una brisa suave, la fantasía vuela. Y no soy más que un ridículo castillo de naipes tambaleándose inestable. Frágil, tan solo a un soplo de derrumbarse y quedar reducido a un montón de cartas desparramadas.
Como de costumbre: confundida, perdida e insegura. Otra vez de rodillas en el suelo.
Aun así, no creo que la fortaleza consista en no caer nunca. Al fin y al cabo, es parte de la naturaleza humana el equivocarse, el tropezar una y otra vez con la misma piedra, el errar. ¿Cómo íbamos a aprender si no?
Creo que ser fuerte es levantarse tras cada caída, sacudirse el polvo y no rendirse. Resurgir de las cenizas, como el ave Fénix. No es fácil, pero ahí está el mérito.