11/3/11

Jueves, 11 de marzo de 2004, 7:37 am.

Aquella fría mañana, Madrid despertó sobresaltada, entre explosiones. En el momento más inesperado, Atocha recibió una puñalada de dimensiones catastróficas, que hizo estremecerse a todo el país. España entera sangraba, el caos reinaba en todas partes y la impotencia dolía a nivel nacional. Bastaron 10 bombas para convertir una ciudad en un infierno. 10 bombas que marcaron la historia, que se llevaron 192 vidas, y destrozaron muchas más. Y nada de lo que se diga, cante, o escriba al respecto, va a devolvernos lo que nos quitaron hace hoy siete años.

¿Tiempos de paz? Desgraciadamente, en nuestro mundo no existe tal cosa. Pienso en aquellas personas, que esa mañana se levantaron como cada día, sin sospechar lo que les deparaba el destino. Jóvenes que iban a estudiar, hombres y mujeres que se dirigían a sus trabajos, y de repente les arrebataron la vida sin compasión, sin remordimientos. ¿Hasta qué punto podemos afirmar que vivimos en tiempos de paz? ¿Qué garantía tenemos de que no va a pasar lo mismo mañana? Ninguna. No sabemos, no tenemos ningún control sobre nuestras propias vidas, no estamos a salvo. Con esto no quiero decir que vivamos asustados, sino que vivamos. Que aprovechemos cada día y cada minuto, que no perdamos las oportunidades de hacerles saber a quienes nos rodean que los queremos. Que dejemos de llorar por viejas heridas y empecemos a reír a carcajadas. Que leamos ese libro que tenemos pendiente y veamos esa película que hace tiempo que querermos ver. Que llamemos a ese amigo al que hace tiempo que no vemos y quedemos para tomar un café y conversar. Que visitemos esa ciudad que no queremos morir sin conocer. Que no dejemos que se nos acumulen cosas por hacer, porque puede que no nos de tiempo...

10/3/11

Alicia, ya no estás en el País de las Maravillas...


Alicia avanza por un sendero lleno de espinas. Se pasea descalza sobre el suelo de lava ardiente, pero eso sí, con la cabeza bien alta. Y cada vez que tropieza y cae de narices, coge aire, se seca las lágrimas de los ojos, se limpia la sangre de las manos, y se vuelve a levantar. Su País de las Maravillas se ha transformado en la peor y la más irónica de las pesadillas. Dice que no tiene miedo, aunque está terriblemente asustada. 


Pobre ilusa, piensa que es una princesa en un cuento de hadas...
Y no sabe que es tan sólo un espectro derrotado, deambulando entre remolinos de mentiras.
Pero mejor no se lo digas... vamos a guardar el secreto y a dejarla vivir en su mundo utópico, dibujando fantasías. Al menos en sus sueños puede sonreír.