30/7/10

D.E.S.E.S.P.E.R.A.C.I.Ó.N.!!


Ayer me puse a releer entradas de mi viejo metroflog, de la época no tan lejana en la que me hacía llamar "PriNceZiiTah SoNiiaDoRah" y escribía con la k y con h intercalada, jajaja...

El caso es que encontré algo que posteé hace poco más de un año que ya no recordaba, y que explica perfectamente cómo me siento hoy:

"otra vez me pelee cn mi madre humm.. empezo a gritarme y dspues se puso a llorar :S
y yo muy estupida x tal d no verla asi me comi un yogur y una tostada [...]
pero lo q me molesta no es haber comido...
es q a nadie le importe una mierda lo q me pase.. lo unico q les interesa es si como o si dejo d comer!!
Y lo digo xq mi madre ha tenido tiempo, ha tenido 16 años para demostrar q se preocupa x su hija, pero no se dio cuenta dq existia hasta q aparecio ana!! y ahora d repente, le da x hacer el papel d madre preocupada, y cuando de verdad la necesite, cuando de verdad queria q estuviera cnmigo no se digno a aparecer.
Y pasa lo mismo con muchos supuestos amigos: lo unico q les importa es lo q entra x mi boca, lo demas da igual, da igual q ya no tenga gans de vivir, da igual q este mas muerta q viva... lo unico importante esq he bajado d peso.
Tengo ganas d gritar, de gritarle a la cara a mi madre todo esto... pero no quiero empeorar las cosas :S
En fin... paranoias mias xD"

A fecha de hoy, todo sigue prácticamente igual. Ayer mamá me gritó que cualquier día la voy a matar, que soy un horrible ejemplo para mi hermana, que todo esto lo hago para destrozarle la vida. Y me recitó una lista de mis meteduras de pata más recientes, que todavía hacen eco en mi cabeza.

Está bien, tiene razón en casi todo.

Porque es verdad que soy un desastre de hermana, de hija y últimamente de amiga también. Y es cierto que meto la pata continuamente y no doy más que dolores de cabeza.

¡¡PERO NO QUIERO DESTROZARLE LA VIDA A NADIE!!


He intentado de mil formas mejorar, cambiar lo que soy, y no puedo, no sé si algún día podré.

Y no quiero seguir haciéndole daño a las personas que más amo. Ojalá pudiera estar a la altura de lo que ellos se merecen... ojalá pudiera devolverles tan sólo la milésima parte de lo que han hecho por mí. Al fin y al cabo, no puedo culpar a nadie por lo que hago o por lo que soy. Ni mi madre, ni mi padre, ni mis amigos, ni mi familia, ni siquiera esa persona a la que odio tienen la culpa de nada.

Yo entré en el mundo de Ana sin saber a dónde me metía. Yo jugué con fuego sin medir las consecuencias, y como era lógico, acabé quemándome. Tengo que hacerme responsable de mis actos. Pero parece que es tarde para apagar el fuego que inicié. Y no tengo paciencia suficiente para seguir luchando sin obtener resultados.

Lo siento mucho...
...de verdad que lo siento 

Estoy desesperda, me vuelvo loca por momentos y no sé qué hacer con mi vida :S

28/7/10

Otra vez aparece Ana...


Cuarto día de ayuno...

Lo sé, lo sé mejor que nadie, es una idiotez como una catedral!!!

But I don't care!!

Me gusta pasar hambre,  y me gusta pesarme a la mañana y ver que he bajado
En fin, este no es un blog proana (aunque lo parezca xD) asi que no me voy a poner a contar cuánto he bajado o qué he comido y qué he dejado de comer.

Ya traté de alejarme de Ana.
Millones de veces.
Pero siempre, una y otra vez, acabo regresando a ella... 
O es ella la que vuelve a mí?
De cualquier forma, estamos juntas de nuevo. Y la necesito a mi lado, al menos durante un tiempo...  luego ya veremos qué pasa.

Ayer mi psicóloga me dijo cosas que me hicieron pensar...
Solo que ahora no tengo ganas de contarlas xD
Maybe later.

Gracias a los pocos que pasan por aca xD
y Rocío, si lees esto, quiero que sepas que me ayudaste mucho anoche ^^ eres una amiga de las mejores, quedan pocas como tú y me alegro de haberme cruzado contigo!! te amo!!

Nothing else to say.. =)  

I wish to break free...


free from my stupid obsession


free from the silence that kills me




free from the voices screaming inside my head 

free from the jail that I built on my own

free from the lies that, after telling thousands of times,  
I believed


free from the NIGHTMARES
that PARALIZE ME every nigth 

free from the thougts that betray me... 

free from these memories that confuses me

free from the happy-girl mask  

free from the GUILT that OVERWHELMS me 

free from those unspeakable secrets 

free from the monster that I become sometimes

free from this ..infinite..hesitance..
 
free from all the scars on my skin 

free from the doubt that grows inside me
 free from Ana and her control...
...free from Mía and her chaos 

free from the huge emptiness around me...
...and from the huge emptiness inside of me 

Free.From.This.Distrust.That..........isolates.........Me.From.Everyone.Else.

free from those Silly Fears
  
free from the LONELINESS that doesn't leave me ALONE

free from the past that is Still Here.

free from the poisonous rancor


free from the  HATE  that rots me

free from myself!!


But demons are taking me...

...there is no chance of anything...

[[..Too.Lost.To.Be.Found..]]

27/7/10

Ana y otros desvaríos...

Hoy, día de footing y piscina :)



Mañana, psicóloga y tercer día de ayuno...


A veces me odio. Me juro a mí misma que no volveré a caer en las garras de Ana, y poco después  me sorprendo buscándola, regreso a ella arrastrándome, suplicándole un perdón que no merezco... y hablo de ella como si de una persona real se tratara, la hago mi diosa una vez más.



Estoy tan cansada..!



Nunca termino de decidirme. Me paso la vida cambiando de bando una y otra vez.

 Y no sé qué debo hacer.
Sé perfectamente qué es lo mejor para mí, sé lo que los demás esperan que haga, pero no sé si esa sería la solución.


Es decir, no sé lo que yo quiero. 
No sé si quiero luchar a favor o en contra de mi vida.



Sé que salir de esto o no está en mí y sólo en mí. Lo sé, pero el problema es que no sé cómo convencerme a mí misma de que parar es lo mejor.



 No quiero dejarlo. Quiero querer dejarlo.

Pero ¿cómo cambiar lo que siento? ¿Por dónde empezar?





Anyway, echaba de menos a Ana. Es una estupidez, lo sé, pero es lo único que me queda.
Hacía mucho que no estábamos juntas.
Extrañaba sentir sus rugidos en mi estómago, sus gritos en mi cabeza, sus susurros en mis oídos... te necesitaba tanto...
Sólo quedamos tú y yo, Ana. No me dejes, por favor.

19/7/10

La última promesa



Este mes se cumplen 3 años de la muerte de alguien que siempre fue importante para mí.
No, en realidad no. Nunca fue alguien trascendental en mi vida, no hasta el día en que se fue.
Entonces me dí cuenta de que existía, y no antes.
Too late
Es una larga historia, quizás la cuente otro día.
Hoy quiero publicar algo que escribí hace tiempo en su memoria, aunque debo aclarar que el siguiente texto NO habla de una sola persona, si no de varias.
Otro día lo explicaré más claramente.

No espero que guste, porque no está escrito para gustar, es tan solo una forma de gritar, de desahogarme y expresar lo que no puedo pronunciar en voz alta.


La Última Promesa


El horizonte había desaparecido, se había ocultado tras un denso telón de nubarrones negros. La lluvia comenzaba a apretar, caía pesadamente sobre el suelo, y yo podía oír el sonido de cada gota al chocar contra el asfalto. Podía sentir sus golpes en mi piel, parecían puñales atravesando mi alma. El paraguas luchaba contra el viento, y el viento luchaba contra el paraguas, que se doblegaba sin poder ofrecer más resistencia… igual que yo. No podía resistirlo más, todo aquel dolor me superaba, mis fuerzas flaqueaban desde hacía tiempo pero ahora… ahora sentía que el final estaba cerca, demasiado cerca.
Avancé, cuesta arriba, casi sin poder soportar el peso de mi propio cuerpo que esa tarde parecía haberse multiplicado decenas de veces. Caminaba sin saber hacia dónde me dirigía, me movía por la ciudad sin ningún rumbo, aturdida, desorientada, intentando en vano poner orden a las preguntas que se agolpaban en mi cabeza, impidiéndome pensar con claridad, impidiéndome encontrar respuesta alguna.
Odiaba mi reflejo en los charcos de la acera, odiaba mi imagen dibujándose en los escaparates, me odiaba, me odiaba más que nunca, detestaba el monstruo en el que me estaba convirtiendo. Quería detener esa metamorfosis, pero escapaba a mi control.
Me senté en uno de los bancos que rodeaban el parque. La ciudad estaba completamente vacía, tan muerta como yo. Cerré el paraguas, y me pareció escuchar tu voz haciendo eco en el viento. No, era otra vez mi imaginación jugando conmigo, haciéndome creer en lo imposible.
Estaba claro que nunca regresarías, y aun así, en algún rincón de mi ser, alimentaba la estúpida esperanza de volver a verte.
“¡Te odio!” Tus palabras resonaban en las paredes de mi memoria, me hacían incluso más daño que la noche en que las oí directamente de tu boca.
“No haces más que complicarme la existencia” Y lo que más me dolía era lo ciertas y verdaderas que eran aquellas palabras.
“¿Cuándo vas a dejar de amargarme la vida?” Lo intentaba, juro que lo intentaba, no imaginas hasta qué punto me esforzaba por cambiar aquella realidad, pero sólo conseguía coleccionar fracasos.
“Por tu culpa ya no tengo ganas de nada, ¡ni siquiera de vivir!”- ¿Hasta qué punto debía tomar en serio aquellas palabras? La duda me atormentaba, necesitaba saber si realmente había sido yo la gota que colmó el vaso, si había contribuido de alguna manera a que tomaras esa drástica decisión, si, en definitiva, era yo la culpable de tu muerte.
Y allí, en medio de aquel parque tan vacío como mi propia alma, rompí a llorar. No podía creerlo, no quería creerlo, me negaba a aceptar tu partida. Te odié, por haberme abandonado sin avisar, por no haberte dignado a dar más explicaciones, por no haberte despedido. Y me odié a mí misma otra vez, por no haberlo impedido, por haber permitido que el egoísmo me cegara a tal punto de impedirme ver el daño que te estaba causando. Por haber hecho que me odiaras, por haberte complicado la existencia, por haberte amargado la vida, por haberte robado las ganas de vivir. Todo aquello era demasiado para mí, jamás podría perdonármelo.
Recordé aquel día, esa tarde de octubre en la que terminaste de conocerme, cuando descubriste mi secreto más oscuro, la parte de mí que llevaba años escondiendo a todo el mundo. Recordé tu cara de incredulidad cuando me encontraste en el cuarto de baño, con las rodillas clavadas en el suelo y los ojos llenos de lágrimas, con la mirada fija en los restos de odio, rencor y vergüenza que habían viajado desde mi boca hasta mi estómago y habían regresado por el mismo camino, quemando mi garganta hasta hacerme vomitar.
Recordé el miedo que había visto en tus ojos cuando, poco tiempo después, descubriste las heridas en mis brazos, que durante años se habían maltratado mutuamente en un intento desesperado de aliviar el incomprensible dolor que me consumía.
Sí, esa era yo en realidad. Un horrible monstruo oculto tras una fachada de falsas sonrisas del que cualquier ser humano habría huido. Y tú, sin embargo, me diste todo tu apoyo, luchaste conmigo día tras día, estuviste a mi lado para levantarme cada vez que caía, me convenciste para que intentara salir de aquel infierno que yo misma había construido, y al cual te arrastré sin querer.
Y tuviste paciencia conmigo, creías en mí mucho más de lo que yo lo hacía. Hiciste todo lo que estuvo en tu mano para sacarme adelante.
Pero pasó el tiempo, pasaron los años y todo seguía prácticamente igual. En el fondo, yo no quería abandonar aquellas costumbres, en el fondo tenía miedo, mucho miedo, y ni siquiera me sentía capaz de continuar viviendo sin ellas.
Aquello era demasiado para ti. No podías entender que alguien no quisiera dejar de sufrir, no cabía en tu cabeza la idea de que yo no quería dejar de hacerme daño. Y yo era demasiado egoísta para ver lo egoísta que estaba siendo.
Seguiste intentado hacerme cambiar de opinión, incluso cuando yo había dejado de luchar. Ya nada me importaba, ni siquiera todos los esfuerzos que habías hecho por mí, nada podía detenerme. Me fui hundiendo más y más en aquella espiral infinita de dolor y confusión, sin que nada me importara. No soportabas verme así, y yo creía que el egoísta eras tú… Tú, que siempre pensabas en mi felicidad, que querías lo mejor para mí. No supe verlo. No supe valorarlo hasta aquella tarde, bajo la lluvia, cuando era demasiado tarde.
Lloraba, lloraba porque la impotencia me tenía atada de pies y manos, porque era demasiado tarde y no servía de nada lamentar todos mis errores. Te necesitaba y no estabas ahí. Nunca antes había extrañado tanto a alguien. Quería pedirte perdón, quería compensar mis errores, quería arreglar todo el daño causado.
Por un momento pensé en acabar con todo, igual que tú.
Imaginé tu cuerpo dormido, cayendo suavemente desde el puente, deslizándose como una pluma con el viento, descansando sobre el suelo plácidamente… Traté de adivinar qué pensaste en esos últimos instantes, qué cruzaba por tu cabeza mientras sentías por última vez el aire fresco sobre tu piel.
Me pregunté si de verdad me odiabas, y, por primera vez en mucho tiempo, una tranquilidad indescriptible inundó mi interior. Entonces supe que no me odiabas, que nunca me habías odiado. Supe que tenías razón cuando decías que quedaban esperanzas, que podía conseguirlo, que lograría superarlo, que tenía que intentarlo y empezar de nuevo tantas veces como fuera necesario. Fue en ese momento cuando supe que no todo estaba perdido.
Me levanté, y regresé a casa. Entré a mi habitación y abrí el cajón de mi mesita de noche. Ahí estaban, todas las cuchillas que había coleccionado durante años, las que habían besado mi piel en innumerables ocasiones, las que solían abrir el camino para derramar el dolor junto con las gotas de mi sangre. Las guardé todas dentro de un sobre blanco, y volví a salir. Sabía lo que debía hacer.
Me dirigí a las afueras de la ciudad, al lugar donde no había querido entrar desde que me enteré de tu muerte: el cementerio. Y allí, con las gotas de lluvia rebotando sobre mi paraguas, te hice una última promesa. Juré sobre tu tumba que saldría de aquel infierno, que cambiaría mi realidad. Te pedí perdón por no haberlo hecho antes, lloré otra vez, te dije cuánto sentía haber sido tan egoísta, te di las gracias por todos los años que me dedicaste, por toda la paciencia que tuviste conmigo, y sobre todo, por no odiarme. Y cuando te lo hube dicho todo, saqué de mi bolsillo el sobre con las cuchillas y lo coloqué allí, junto al ramo de flores que coronaba tu lecho eterno. Te pedí que te las llevaras contigo a donde nunca más pudiera verlas, a donde estuviera segura de que jamás regresarían. Me despedí de ti, volví a odiarme por no haber hecho todo esto antes, pero me perdoné, y me di otra oportunidad. La oportunidad de intentar ahora lo que no conseguí antes.
Antes de irme, volví a prometerte que, no importaba cuántas veces cayera, me levantaría cada vez con más fuerzas, volvería a empezar tantas veces como fuera necesario, no te decepcionaría.
Tú nunca lo supiste, probablemente nunca lo sepas, pero ha sido con tu ayuda y gracias a todo tu esfuerzo, que he logrado reunir las fuerzas necesarias para dar los primeros pasos en este largo camino de recuperación. Me gustaría que hoy estuvieras aquí para ver lo que estoy logrando, pero aunque no estés, me queda el consuelo de saber que, si pudieras verme, estarías orgulloso de mí.
Y a tí, ¿qué decirte, si ya no puedes oírme?
Tan solo espero que hayas obtenido el descanso que buscabas con esa desición que tomaste.
Ese descanso que, yo misma, tantas veces he anhelado alcanzar.
Ese que llegué a acariciar con la yema de mis dedos...
Descansa en paz.

18/7/10

Días difíciles



Un día difícil…
Digamos más bien que unos cuantos…
Y es que últimamente las cosas no han salido como esperaba, como confiaba que saldrían
Recuerdos Culpa Impotencia
Confusión Rabia Angustia
Dolor Secretos Vergüenza
Soledad Asco Miedo Duda
Preguntas Silencio Pesadillas


Más tarde o más temprano, este cúmulo de emociones que se gestaba en mi interior, acabaría por estallar.
Y lo hizo.
No fui capaz de soportarlo, o tal vez no lo intenté lo suficiente
En una palabra: Recaí
No fue grave, de hecho es apenas un rasguño, ni siquiera duele
Anyway, ya está hecho, no hay vuelta atrás
Un tropezón lo tiene cualquiera!!
En otras circunstancias, me habría venido abajo y no tendría ganas ni fuerzas para intentarlo otra vez.
Pero por alguna razón…
Hoy me siento CAPAZ, me siento FUERTE, sé que PUEDO
No pienso dejar que un estúpido momento de debilidad lo eche todo a perder!!

15/7/10

Thoughts..!!


¡No! Ni se te ocurra dar un solo paso atrás. No después de todo lo que has conseguido. Mira dónde estás, echa la vista atrás y compruébalo tú misma: has llegado lejos, mucho más lejos de lo que te creías capaz. No tires todos estos meses de esfuerzo por la borda. Sabes que todavía puedes hacer mucho más. Yo lo sé.

¿Y para qué? ¿De qué sirve todo este esfuerzo si tarde o temprano no podré resistirlo más y todos esos “logros” se desvanecerán quedando reducidos a otro fracaso para la colección? Cuanto más alto suba, más dolerá la caída. La inevitable caída. Solo lograré decepcionarme a mí misma, y eso es lo último que necesito. Ya no puedo seguir cargando con este peso. Tan solo quiero cerrar los ojos y dejarme caer…

Sería mucho más sencillo, pero ¿no estás harta de ir siempre por el camino fácil? Sabes de sobra que no serás feliz si te rindes. Llevas mucho tiempo encerrada en este pozo, dejándote caer más y más abajo hacia el infinito abismo que te llama sin descanso. Y poco a poco, has conseguido subir. Ya estamos cerca, ¿no quieres ver qué hay ahí fuera? ¿Qué se siente escapar de este inframundo de autodestrucción?

No, ese mundo no está hecho para mí. Lo siento, pero nunca conseguiré llegar al nivel que esperan de mí allí…

No mientras sigas encerrada aquí abajo. Pero cuando subas, cuando salgas a la superficie ya lo habrás conseguido, y quizás no sea tan difícil como parece. Pero no lo sabrás hasta que no lo intentes.

Es que tengo miedo. Tengo miedo de pelear para conseguirlo y fallar en el último momento. Tengo miedo de morir en el intento, de tratar de subir y acabar cayendo más bajo. Prefiero rendirme, entregarme en manos del destino ahora que todavía me queda algo de dignidad. Y dejar que pase lo que tenga que pasar.

Lo sé, yo también tengo miedo a fracasar. Pero por una vez, quiero correr el riesgo. De nada te servirá quedarte de brazos cruzados. No existe el destino. Si no peleas, te quedarás aquí, seguirás hundiéndote más y más en tu propia miseria, eternamente. No esperes una solución milagrosa porque no va a llegar.

No quiero una solución milagrosa, quiero descansar, esta batalla es absurda y quizás esa miseria de la que hablas sea lo mejor a lo que puedo aspirar en esta vida. Quizás sea mi destino permanecer abajo. Y lo prefiero así, al menos ya conozco mi patético mundo y sé cómo sobrevivir aquí.

No, sabes perfectamente que puedes conseguir cualquier cosa que te propongas. Cada uno escribe su propio destino día a día, nada está decidido. Nada. No sobrevivirás en este infierno al que llamas vida, te cansarás como siempre te cansas, odiaras tu maldita realidad como ya la odias, y terminarás suicidándote o dejándote morir. Por eso debes salir cuanto antes. Porque tú sabes cuánto duele perder a alguien y saber que ha muerto por su propia voluntad, y no quieres que las personas que amas tengan que sentir ese dolor en su carne, como tú lo sentiste. Date una oportunidad. Mira hacia adelante, ahí tienes tu meta, y no es inalcanzable. Paso a paso la alcanzaremos. Mientras sigas andando, hay esperanza.
Así que sigue. No te rindas. No ahora, no después de todo lo que has conseguido. Has llegado lejos, sí, pero puedes ir más allá. Yo sé que lo sabes.



Así me siento cada día... dividida, librando una batalla en mi interior que parece no tener fin.
Unas veces gana mi lado pesimista y autodestructivo.
Otras veces mi lado luchador es más fuerte.
Hoy, no dejaré que nada me tire abajo. Nada ni nadie.

Son ya varias semanas sin autolesionarme, y eso me pone muy feliz.
Gracias a todos los que me apoyan y me ayudan a seguir intentándolo, gracias de corazón.