8/11/10

El tiempo...




Tic-tac, tic-tac...

La eterna melodía del tiempo, que nunca se detiene, que solo avanza en una dirección.
Una de las pocas cosas que el hombre no puede dominar a su antojo, que se escapa a nuestro control y a veces, nos controla. Que se escurre como el agua entre los dedos de las manos.

Tic-tac, tic-tac...
Nunca "tac-tic", siempre hacia adelante, sin pausas, con prisas... o a veces con pausas que se estiran interminablemente, sin prisa alguna.

Tic-tac, tic-tac
Estamos condenados a vivir contando horas, años, minutos. Cada segundo que respiramos es un segundo que se resta a nuestro contrato, a nuestro "alquiler" de este mundo.
Vivimos encadenados, controlados por la marcha de las agujas del reloj y su inacabable susurro, ese "tic-tac" que hoy nos ilusiona y mañana nos amenaza.

¿Y no sería más fácil contar la vida de otra manera? Una vida es algo más que un puñado de horas, minutos, días o años... eso son sólo números

¿Qué tal si midieramos el tiempo por los abrazos recibidos, o por las sonrisas regaladas? ¿Qué tal si nos deshicieramos de todos los relojes, calendarios y demás, y nos limitáramos a vivir, a sentir, a disfrutar?

Puede que, si no intentáramos controlar el tiempo, lográramos aprovecharlo mejor, si no nos obsesionáramos tanto. Pero dependemos de él.
Hemos pasado nuestra vida controlados por el tiempo, fabricando rutinas fríamente calculadas, minuto a minuto. Tanto que no sabríamos que hacer si nos lo quitaran.

Tic-tac, tic-tac...
Cada vez nos queda menos tiempo aquí. No vale la pena guardar rencores, quedarse estancados en el pasado sabiendo que el tiempo solo viaja hacia adelante.

¿Por qué seguir lamentando las oportunidades perdidas?
El tiempo es como una infinita escalera en la que cada paso que se da, es un escalón que se sube, y cada escalón un momento que solo se vive una vez, y luego se pierde, se queda abajo, atrás en el pasado y en el recuerdo, pero nunca se vuelve a pisar.
No vale la pena vivir lamentando viejos errores, culpándonos por viejos fracasos, llorando por viejas heridas.
Lo ideal, sería aprender de ellos, acumular experiencia en cada escalón y usarla a medida que seguimos ascendiendo por la escalera.

Llegará el día en que el tiempo deje de importar, cuando dejemos de "alquilar" este mundo y podamos quedarnos aquí para siempre, cuando no importen los años, los meses, los días ni los segundos.

Tic-tac, tic-tac...
Falta menos para que llegue ese día

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