25/1/10

Carta para Ana...

Ana, me prometiste que me llevarías a la perfección, decías que me harías feliz. Y sí, lo hiciste, ¿pero a qué precio? Nunca mencionaste que me harías tanto daño... y aún así... Aún así no logro separarme de ti. Ni siquiera estoy segura de querer hacerlo.
Quise apartarte de mí, pero ahora que no estás no sabes cuánto te necesito, cuánto te echo de menos.
Traté de alejarme, de borrarte de mi vida, de abandonarte en el pasado, pero no pude. Ya no sé vivir sin ti. Dependo de ti. Ahora, eres todo lo que tengo, y si no te tengo no soy nada. Me odio, me odio más que nunca, odio mi cuerpo, odio mi vida, odio ser yo, yo no soy nada sin ti.
Tú me hiciste feliz. Llenaste los vacíos que quedaron cuando aquellos que decían ser mis amigos, que juraban estarían a mi lado en las buenas y en las malas, me abandonaron. Aquellos 40 kilos, el tiempo que pasamos juntas... quiero que vuelvan. Fue la época más feliz de mi vida. Y no quiero que acabe.
Regresa Ana, por favor. Sé que no supe valorarte lo suficiente, que nunca debí delatarte, que debería haber ocultado mejor "lo nuestro". Perdóname Ana. Te fallé.
Quiero que vuelvan los ayunos, las carreras, las mañanas de footing, las tardes de natación, las noches de abdominales interminables. No me importa el dolor, no me importan los mareos, no me importa sentirme la peor basura del mundo, porque lo soy. Quiero sentirte en mis huesos.

Hoy he intentado comer. Tenía un plato de verduras cocidas en frente de mí. Era un platito de postre, estaba medio vacío y ni siquiera lo había aliñado. Nada de aceite, ni de sal, nada de nada. Pero no pude. No pude comer más que dos o tres bocados, y rompí a llorar. No se por qué, pero me sentí mal por no poder deshacerme de ti. Por haberte hecho el centro de mi vida, porque desde que te conocí no puedo dejar de contar calorías, y sobre todo por el daño que me has hecho y se que me harás. Pero más aún por desear que vuelvas sabiendo todo esto.

Me pregunto si algún día acabará este infierno. Si mi vida dejará de girar en torno a la comida, o a la no-comida, si recuperaré las amistades perdidas, todo lo que eché a perder. Me pregunto si de verdad quiero eso. O si te quiero a ti.

No lo se, mi cabeza es un desorden absoluto, no se qué quiero, no me decido. Un día quiero cambiar, ser una persona normal, comer normal, pensar normal... Y al día siguiente, como hoy, deseo con todas mis fuerzas que vuelvas a mí, que me des otra oportunidad, que me ayudes a lograrlo... y que nunca me dejes.
Vuelve Ana, por favor, llévame contigo y no me abandones nunca. O vete. Desaparece de mi vida para siempre y no vuelvas a asomarte por aquí.
Ya es hora de ponerle fin a esta relación de amor-odio, de escoger un camino u otro. De que dejes de dar vueltas, de ir y venir, de desordenar mi vida una y otra vez...
Ojalá pudiera tirar una moneda al aire para tomar esta decisión.

2 comentarios:

  1. acabo de entender que eres tú pidiendo volver a lo de siempre, acuérdate de la promesa que hiciste cada vez que eches de menos tu yo autodestructivo. perdona el comentario de antes. aunque sigo pensando lo mismo que te dije.

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  2. ahora entiendo que la carta va dirigida a tu otro yo(el destructivo), perdona el comentario de antes, aunque sigo pensando parte de lo que dije.

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